17 abr 2012

EL SUEÑO


En mitad de la noche desperté sobresaltada levantando mi cuerpo de la cama como si tuviera un resorte en la espalda y abriendo tremendamente los ojos. No recordaba que había soñado, y tan solo el sudor que se alojaba entre mis senos me traía a la mente pinceladas de recuerdos sobre dicho sueño, y me hacía presentir una noche no muy confortable ni reparadora, ya que más que un sueño era una pesadilla que no lograba recordar. Una pesadilla terrible, un deseo de desaparecer……
El reloj digital de mi mesilla me revelaba con sus grandes números amarillos y penetrantes en la oscuridad, una cercana madrugada en vela. Tan solo eran las dos de la madrugada y estaba tan despierta que mis ojos parecían los de un búho en plena cacería nocturna, solo que llenos de coloradas venas fruto del maltrecho descanso.
Me recosté, -intentando serenarme-, sobre mi almohada que estaba recalentada por el vapor de mi propio cuerpo, nada confortable he de decir, a diferencia de las primeras horas de la noche, en la que una cama limpia y más o menos fresca me recibía.
Las sábanas se adherían a mis piernas desnudas como los tentáculos de un pulpo que quisiera arrastrarme al fondo del océano, y el calor veraniego empezaba a hacerse patente en mi cuerpo con grandes gotas de sudor naciendo en mis sienes.
Eché las sábanas hacia atrás porque tan solo el roce sobre mi piel, me recordaba a una pesada losa.
Miré al techo, oscuro, alto, perdido en la lejanía y me percate de que la absoluta oscuridad anegaba la habitación tan solo rota por la luz de mi despertador que proyectaba estáticas luces anaranjadas sobre las paredes.
Me recogí el pelo sobre la nuca y lo até con un coletero a modo de moño, para dejar de sentir ese calor pegajoso en la medida de lo posible, y me recosté nuevamente sobre la almohada, a la que previamente había golpeado y dado la vuelta para que recuperara su forma primitiva y desalojara el calor antes de acostarme.
Me quede tendida en la cama, con las sábanas por las rodillas, los brazos abiertos en cruz y la mirada perdida en el techo negro.
Empezaba a quedarme traspuesta nuevamente cuando una música leve y lejana me despertó.
Para mi sorpresa era música dulce y suave de violines, pero no de uno solo, sino de cientos de ellos. Como si multitud de ángeles celestiales acunaran mi sueño. Parecía que estaban bajo mi cama, dentro del armario quizás, entre las sábanas o dentro del colchón e incluso en el dormitorio del vecino.... El insomnio empezaba a hacer estragos en mi subconsciente.
Con la somnolencia que tenía no reparé que era algo asombroso, y cuando lo hice, pensé en levanté rápidamente para pegar el oído en la pared y descubrir de qué lugar provenía dicha melodía que interrumpía mi nuevo sueño, pero en cuanto me incorporé y los dedos mi pié tocaron el suelo, la melodía cesó instantáneamente y el silencio en estado puro regresó a mi cuarto.
Lentamente me acerqué a mi cama y toqué mi almohada, la mesilla, el despertador…., intentando adivinar de donde podía proceder la música, pero el tiempo transcurría sin que nada aconteciera, me metí en la cama y el sueño me venció nuevamente. Pronto olvidé el hecho extraño ocurrido. Mis párpados pesados como grandes piedras se cerraron comenzaba a soñar con cosas del día pasado…... pesadilla…..
Al poco rato un olor fortísimo a flores me despertó.
Olía a floristería en el Día de la Madre o el de Los Difuntos, ese día en el que los floristas venden más que en todo el año junto.
Era un olor a humedad y a dulce, como un montón de gominolas anegando un pozo lleno de moho.
Me dio asma y tos. Se me saltaron las lágrimas y tuve que incorporarme a beber agua. Siempre dejo un vaso lleno por si tengo sed, pero no por un golpe de asma nocturno, aunque he de decir que soy asmática.
Mis ojos volvieron a abrirse por tercera vez en la noche. Estaban resecos, colorados y hartos de tan poco descanso. Lo primero que vieron fue la hora del despertador. Las dos de la madrugada, nuevamente...... nuevamente....... ¡era imposible que fuesen las dos de la madrugada!, ¡yo había visto esa hora hacía por lo menos veinte minutos!, no podía haberse parado el tiempo y tampoco haberse parado el reloj. Eran las 2:00 en enormes números naranjas y el contador de segundos seguía haciendo su trabajo…. Que raro…
Cogí el despertador y lo zarandeé entre mis manos, lo acerqué al oído, comprobé la conexión a la luz, y todo era perfecto. Era perfecto.
Pero mi pensamiento cesó ante el hedor a flores podridas que había en la habitación.
Era espantoso, casi me daban ganas de vomitar el agua que me había bebido. Me senté en la cama, intentando alcanzar el interruptor de la lámpara de la mesilla y encender la luz, pero no podía, mi mano abierta recorría todas las cosas que antes de acostarme había colocado en la mesilla: el reloj, las sortijas,... un pequeño retrato de mi novio, las gafas de sol, y como no, el vaso de agua, pero la lámpara era como si hubiera desaparecido y la única luz permitida fuese la tenue luz del despertador.
Tenía tanto sueño y mareo que tan solo el pensar en lo que el día próximo me depararía en la oficina, me hacía desvelar por completo, así que preferí que el sueño me venciera nuevamente. Debía recuperar fuerzas para mañana.
Olvidé la búsqueda y me tendí en la cama de nuevo y el olor fue cediendo poco a poco, intenté no hacerlo caso, ...... y nuevamente me dormí.
El asma desapareció como por arte de magia, por fin el aire entraba a raudales en mis pulmones. Creo que tenía algo de frío. El sudor que ocupaba por completo mi cuerpo se había vuelto helador y las sábanas que antes eran una losa parecían plumas de ganso esparcidas por todas partes…..
La falta de ruidos de la habitación se había vuelto algo muy extraño. Había tanto silencio que provocaba malestar, tanto que de nuevo me desvelé de tanto analizar la situación, pero esta vez no abrí los ojos, estaba despierta, pero con los ojos cerrados, recorriendo palmo a palmo mis pensamientos.
El sudor frío empezó a recorrer mi cuerpo como el filo de un cuchillo. Mi espalda quedó tan recta como si estuviese acostada en la cama de un faquir.
Mi pelo estaba totalmente suelto y caía sobre mi cara pegándose a ella. Estaba completamente mojado y la almohada empapada.
Saqué mi mano de debajo de la sábana y la acerqué a mi cara para retirarme el pelo, noté que no tenía el coletero, así que lo busqué a tientas sobre la almohada, pero no lo encontraba, estaba aterrada porque no entendía por qué mi pelo estaba mojado si antes estaba seco. Era como si acabara de salir de la ducha y no me hubiera secado.
Como no encontraba el coletero me incorporé de nuevo para encender la luz, buscando a tientas el interruptor y de nuevo no lo encontré. En el recorrido de mi mano choqué con el coletero, situado al lado justo del despertador y algo me paralizó, eran las dos de la madrugada.
Estaba asustada así que de un brinco salté de la cama. No me importaba no dormir e ir a trabajar con grandes ojeras y molestias oculares, me daba igual. Había algo que estaba ocurriendo en mi cuarto y no sabía que era. Algo estaba MAL.
La oscuridad era patente, no distinguía los muebles del cuarto, nada. Sabía que estaban allí pero no podía verlos. Había llegado a la conclusión que la lámpara de la mesilla había desaparecido, pero si así era quizá también los muebles, y solo existiera mi cama y yo. Lo que no quería ni pensar era que no estaba en mi habitación, pero no podía ser cierto, me había ido a dormir sobre las 23 horas, y el sueño se había interrumpido en varias ocasiones a las 2 de la mañana…. ¿Pero como podía ser si había conseguido dormir en esos intervalos, y el segundero seguía funcionando?…. No entendía nada, pero lo que tenía que hacer era encontrar el interruptor de la luz de la pared. Ese si tenía que estar. Me acerqué con los brazos estirados y deslizando despacito los pies en el suelo como si fuera Frankenstein, llevaba los ojos tan abiertos que me hacían daño, la oscuridad era tan absoluta que no veía ni mis manos delante de mi… me acerqué a lo que era la puerta de mi cuarto y toqué a tientas el dintel… ahí estaba, al fin me orientaba un poco…. Continué por la pared de papel pegado, pero en lugar del tacto del papel seguía tocando madera… era raro, pero continué con el propósito de encontrar el interruptor…. Nada, ahí no había nada. Estiraba mi cuerpo y bajaba por la pared hasta que mis manos planas tocaban toda la superficie como un poli cacheando a un caco… necesitaba luz por Dios…..
Paso el tiempo y al final cansada me senté en el suelo. Debí dormirme apoyada en la pared y cuando abrí los ojos me sentí mareada, había luz al fin, filtrándose por las ventanas… pero no estaba en mi habitación, mis ojos se adaptaron a duras penas a la claridad y la imagen que vi me espantó.
Desde el suelo observé la estancia… me dolía el cuello, las rodillas, la espalda… todo…..
Ese no era mi cuarto…. Las paredes eran laminadas en madera, como las habitaciones de los hoteles de alta montaña…. No había interruptor alguno en la pared, solo un flexo largo en la parte superior de la estancia, apagado…., una cama en medio de la misma, elevada, blanca, un par de sillas repartidas de mala manera… incómodas….. y al lado un hombre sentado en un sillón negro, recostado sobre la cama, su cabeza pegada a las sábanas… un libro abierto en el suelo, a sus pies…..
Me levanté con dolores de articulaciones, poco a poco iba viendo todo desde otra perspectiva, empecé a recordar una vez me acercaba a la cama…. Me miré la ropa, era blanca, fina, leve como un ala de mariposa, mis pies descalzos pisaban el suelo de madera lentamente… me acerqué a la cama y me vi a mi misma…. Blanca como las sábanas, dormida quizá, ojeras….. el pelo levemente pegado a mi cara, mojado, recogido, llena de tubos y gomas saliendo de mis brazos, mi naríz…., botellas de múltiples líquidos anexadas a mí de alguna manera, ruidos de respirador artificial…… pero ¿que ha pasado? ¿dónde estoy? El pánico llegaba a mi en oleadas, como perdida en medio del mar de Tarifa golpeada por las olas una y otra vez. Aplastada por las rocas…. En la confusión y ansiedad del momento recogí el parte médico que pendía de los pies de la cama, controlando mi temblor de manos y me quedé helada:

Hora y día del suceso: martes, 15 de enero de 1998
Causa: SOBREDOSIS DE VARIAS SUSTANCIAS
Estado: COMA PROFUNDO
Resolución: SUICIDIO (Ninguna posibilidad de recuperación)

HORA DEL HALLAZGO: 2:00 DE LA MADRUGADA



8 mar 2012

LAS MANOS GRANDES DE DIOS


Ese día empezó a llover, notaba la lluvia más por el sonido y la humedad que por otra cosa. Luego apareció el olor que me ahogaba. Nunca me ha gustado el olor de la lluvia, me impide respirar y me siento fatigada, aunque eso ya da igual.
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Recuerdo aquel día en que la lluvia irrumpió en los campos, estaba paseando y me cale hasta los huesos, me acerque a un risco y divisé el valle verde golpeado por la lluvia. Las flores blancas de las jaras se debatían de un lado a otro como si quisieran esquivar las gotas gordas que Dios lanzaba desde el cielo con sus inmensas manos, a mala leche todo hay que decirlo, ya que llevaba meses sin caer una sola gota.
Levanté la cara y noté la lluvia sobre mis párpados, azotando levemente mis ojos escondidos como alas de mariposa y me sentí viva, por un momento desee gritar con la boca cerrada y mis pulmones me devolvieron un golpe de tos que me hizo regresar al mundo real de un gran manotazo. Tras recuperarme y secar las lágrimas del ahogo volví a disfrutar de la lluvia. En el valle los aldeanos  corrían de un lado a otro debatiéndose entre los ríos de agua que campaban a sus anchas por las calles empedradas, todo estaba limpio, todo era real, todo estaba vivo.
Me senté en el suelo a duras penas y noté como mis pantalones de algodón se empapaban, y las gotas de agua que resbalaban por mi espalda se perdían a través de mi trasero y conseguían su objetivo, llegar a suelo…. Estaba empapada, odio esa sensación, pero en ese momento no me importaba. Era una lluvia torrencial de verano y hasta se agradecía eliminar el calor del modo que fuese.
Mi pelo chorreaba sobre mis hombros, antaño frondoso, rubio y largo, ahora gris, fino y blanco. Lo seguía conservando largo porque me transmitía un halo de juventud perdido que aferraba con mis huesudas manos intentando que estuviera allí siempre, a mis ojos lo conseguía, para el resto, probablemente, era una vieja loca… sin más.
He aprendido con la edad que tus ojos proporcionan a tu mente un placer que los demás te niegan, de modo que yo he aprendido a confiar en mis ojos y en mi mente que otorgan a mi corazón el placer máximo de la indiferencia y de lo irreal, cosas que me abstraen día tras día y hacen que olvide el paso inexorable del tiempo que de repente me pilló sin nada, sin haber hecho nada y ahora ya era demasiado tarde.
Ahí sentada, calada y vieja sentía que la vida había pasado como ese agua recorriendo las calles, continua, unidireccional y muy rápida. Había demorado tantas cosas que al final nada había cambiado, me había acobardado tanto la novedad que la sorpresa de una vida diferente no había tenido la oportunidad de colarse en mi alma, de modo que mi existencia, a mi entender, había sido vana, y me dio por pensar en mi padre, fallecido con 58 años de edad. Tenía una esposa amante, felicidad, una hija, una vida plena…. la vida es injusta creo yo, o quizá es un regalo que no todos sabemos apreciar, que no todos sabemos valorar y nos hundimos con la más mínima desgracia lamentándonos todo el tiempo, maldiciendo la oscuridad pero sin encender una vela. Esa ha sido mi vida, una ciega en un cuarto oscuro rodeada de velas y cerillas, pero sin alcanzar a cogerlas, asustada, acobardada, encarcelada… un desastre, una vida perdida, un vacío eterno un final infeliz… pero ya da igual.
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Actualmente no me preocupa nada, mi pelo, mi pasada juventud, las jaras, la lluvia en mi rostro, mi ropa empapada, ese momento de vida plena...., me agota pensar, lo hago todo el tiempo…., pero mi cuerpo no se mueve, la tierra y la oscuridad me rodean por todas partes y solo me complace, como ahora, escuchar la lluvia filtrarse por la tierra, lenta e inexorable, como la vida, intentando llegar a mí, sin tocarme… Recuerdo esos aldeanos corriendo. Quizá ahora también lo estén haciendo…. La vida no se detiene para nadie.
Se rompe mi caja de pino, está destrozada por el tiempo, enmohecida… la oigo crujir y no me espanta, se derrumbará sobre mí cualquier día, pero que importa, quizá un día deje de pensar, y esas manos grandes de Dios conviertan mi muerte en algo más importante que mi propia vida.

8 dic 2011

CRISTALES ROTOS



No encontraba las llaves, así que metí la mano hasta el fondo del bolso, pero no estaban. El tabaco, las gafas, la agenda, el carmín, el maquillaje, los cleenex, el mechero....., nada, las llaves no aparecían ni vivas ni muertas, lo cierto es que tampoco sabía si quería encontrarlas o no, si quería abrir aquella puerta que estaba frente a mi o permanecer fuera para siempre y no volver jamás a entrar; para ver aquellas habitaciones tan bien ordenadas, como si fuese una casa de exposición. La colcha sin ningún pliegue de más ni de menos, las lamparitas de las mesillas perfectamente colocadas, hasta sus cables de luz, el cuarto de baño adornado tal y como el quiere, color de toallas, armaritos, alfombra de ducha, hasta el rollo de papel higiénico tiene que ser de un color y textura determinados. Es muy maniático.

No sabía realmente que quería hacer, pero continuaba husmeando a tientas dentro de mi bolso, palpando, como si una vocecita interior me dijera... “donde vas a ir...?“ “quien va a querer estar contigo....?”. Al final encontré un pequeño metal dentado agrupado con otros tantos, y tiré de el hacia fuera, salieron!, menos mal, la llave de casa....de casa....de mi casa, desde cuándo era mi casa o mi hogar...... Podía llamarlo hogar? Alguna vez fue mi hogar.....? O solo lo fue en mis sueños?

Recuerdo ahora con los ojos cerrados la primera vez que entré y usé esa misma llave. Mi marido estaba conmigo, fue el día de nuestra boda, un precioso día soleado de otoño, cuando los árboles se visten de los mas variados colores y el aire huele a limpio y un poco a lluvia, y la brisa que sopla hace caer las hojas de los árboles formando un pequeño manto anaranjado sobre el suelo.
Aquel día hacía sol y empezaba a calentar la piel levemente, como el vaho....entonces, me cogió en brazos, y me metió en casa. Una vez estuvimos dentro me besó y me regaló un gran ramo de rosas amarillas, como a mi me han gustado siempre, dos docenas de preciosas rosas amarillas nos dieron la bienvenida al hogar que habíamos formado para nuestra vida en común y para nuestros hijos..... quería tener por lo menos séis!.
Vaya, una lágrima resbala por mi mejilla, uf! escuece......
Voy a entrar, el estará a punto de volver y no quiere verme fuera de casa a determinadas horas. Por el que dirán dice. Y lleva razón, que hace una mujer fuera de casa a las 21 horas sin su marido? Nada bueno..... Y me lo tendré merecido.

Ahora recuerdo mi primera noche de bodas, ja ja ja ja, no se que hago aquí en medio del porche de casa pensando en mi primera noche de bodas, bueno por lo menos me trae un buen recuerdo......
Éramos muy tímidos y el no se atrevía a salir del baño por pudor, creo que estuvo allí media hora!, tampoco me atrevía yo a moverme en la cama, estaba tapada hasta los ojos y no hacia más que temblar de miedo, pero el fue muy cuidadoso y complaciente, cuando se decidió a salir, claro, y fue genial, nunca lo olvidaré, me dijo “te quiero” tantas veces que, supongo valdrían por todos los años que no volvería a pronunciar esas palabras, nunca más......., no, no quiero volver a llorar, la cara me arde y no puedo permitirme derramar más lágrimas.

Cierro la puerta de un portazo, y parece que toda la casa se vaya a desmoronar, si, lo estoy, estoy enfadada, pero no puedo hacer nada, nada en absoluto, nada porque podría enfadarle aún mas, y ya no solo iba a escocerme la cara........

Voy a darme una ducha, no... mejor voy a tomar una copa y a darme un relajante baño de espuma antes de que el llegue y diga que huelo mal, que soy asquerosa, que no se ni como puedo ser mujer, con lo delicada, limpia y pulcra que se supone que son las mujeres.

Según entro, veo la mesa de entrada, es de pino maciza y redonda. Allí, encima de ésta, hay un florero con flores secas de varias clases, rosas, claveles, margaritas... un pequeño bouquet muerto. Hace años me hubieran recibido las preciosas rosas amarillas completamente abiertas y con algunos pétalos caídos ya sobre la mesa, pero a el no le gustan.... dice que no quiere compartir su casa con nada vivo, y conmigo porque no tiene más remedio. Su casa........... su hogar? No es mi casa. No es mi hogar. Ya no es nada.
Ahora me entran ganas de salir corriendo (huyendo) a la calle, quizá con suerte me pille un coche y desaparezca debajo de sus ruedas, pero tendré tan mala suerte que quedaré mal parada, peor aún de lo que estoy ahora...... un desastre, no tengo suerte ni siquiera para morir.

Me decido y voy a mi habitación a desvestirme subo las escaleras que separan el hall de entrada y el comedor de la planta baja, de las habitaciones y el baño de la planta superior. Mientras voy subiendo esas escaleras me vuelve a la memoria la primera vez que el me subió en brazos, a nuestro cuarto, donde nos moríamos de vergüenza..... Igual que me subió en brazos recuerdo otras tantas veces que me hizo bajar rodando.....
Recuerdo cuando terminé en el hospital con tres costillas, una pierna y la clavícula rotas, y tuve que decir a mi familia que tropecé, Dios, cuanta falsedad, y cuanta mentira.
Mi vida es una pura mentira.
Cuando empiezo a desnudarme para ese baño relajante, el espejo del armario me devuelve una imagen de mi misma patética.
Tengo el cuerpo totalmente amoratado, a la altura de las costillas izquierdas tengo un moratón de color morado y amarillo de unas dimensiones como una pelota de tenis, en ambos brazos tengo varios moratones, de distintos tamaños totalmente negros. En la pierna derecha tengo un corte, podría pasar como “Miss Porquería”, “Miss Manchas”, “Miss Moratones” o qué se yo........ Y además estoy dejándome crecer más el pelo para ocultar mi cara, o mejor dicho, mis magulladuras.

Recuerdo cuando éramos novios, la cantidad de veces que me decía lo blanca que era mi piel, “como la luz de la luna” mencionaba susurrando a mi oído, me encantaba escucharle, decía que mi pelo era tan oscuro como la noche y que mi piel era la piel de la luna llena un día de verano y que olía como la primavera en pleno mes de Mayo....... Y yo besaba sus labios cada vez que repetía frases como esa, era muy romántico, ahora mi piel ya no es blanca...

No, no y no! he dicho que no puedo llorar, no puedo llorar, no puedo permitirme el lujo de llorar, si vuelve y ve que he llorado, me hará llorar por una causa justificada, y no quiero! No quiero gritar! No quiero que me tape la boca, no puedo respirar, no me deja respirar.

Vamos! Vamos! Voy a darme ese baño, necesito relajarme, pero primero tomaré un calmante con esa copa que me había prometido. O quizá dos.
En la habitación tenemos un mini bar, si, como en los hoteles, una mini nevera con varias botellas de Whisky, Bourbon, Vodka, Ginebra y hasta cerveza, sin nada de refrescos, mi marido trabaja en una empresa relacionada con bebidas alcohólicas y puede abastecer el mini bar sin ningún problema cada semana o incluso cada día.
Le gusta beber en la cama, cuando se despierta. Dice que no hay como un buen Whisky, dice que hace que las neuronas bailen Rock & Roll dentro del cerebro.....
No se, creo que ya no tiene neuronas, ahora le da igual cualquier bebida, con tal de que tenga alcohol, y si es posible, un elevado grado de alcohol, supongo que ya nada puede despertar a sus neuronas. Nada puede despertarle a el.
Una vez rompió una de esas botellas sobre mi cabeza, pobre! Se asustó tanto, creyó que me había matado, se disculpó tantas veces en el hospital, que el médico tuvo que sacarlo a patadas. De todos modos el médico estaba un poco extrañado de la naturaleza del accidente, me dijo si quería hablar con el a solas, pero le dije que no, que no había pasado nada, que era muy torpe, y que la botella me cayó de encima de un estante......... Pero creo que ya no confía en mí, y voy a tener que dejar de ir a verle. Buscaré otro médico.
Esa vez estuve a punto de irme de este mundo, por que no fue así?

Bueno, voy al baño y abro el grifo caliente de la bañera, el agua resbala por mi mano. Que tranquilizador. Voy a darme prisa, no creo que tarde mucho más en volver.
Cojo las tijeras, la lima y la piedra pómez, tengo que asearme las uñas de las manos y los pies, tengo que estar pulcra, lo dejo todo en el lavabo para después, no se, he cogido las tijeras, pero son las grandes, las de la costura. El las habrá cambiado de sitio, bueno luego lo arreglaré, lo primero el baño.

Entro en la bañera, el agua me llega al cuello, esta templada tirando a caliente, todos mis poros se abren, ya me he tomado el calmante y la copa está encima del poyete de la bañera, al lado del champú, el gel, el jabón, y demás.
Cierro los ojos, no se si esta noche voy a poder dormir así que intento descansarlos lo más posible.
Mis brazos flotan en el agua, estoy totalmente relajada y las sales con efecto tranquilizante que he puesto en el agua empiezan a hacer efecto combinadas con el vapor.
Los moratones de los brazos y el costado se desdibujan bajo el agua por la espuma del jabón que los borra momentáneamente.
La cara sigue escociéndome, nada hace cambiar la sensación de hinchazón que tengo, ni siquiera el maquillaje que por cierto he olvidado quitarme, no puede olvidárseme o se enfadará por mancharle con el carmín.

Tengo 35 años, y 6 de casada. Mi vida es un infierno..... Podía estar penando en el purgatorio y no pasarlo peor que en estos últimos años.
No tengo ningún hijo, mis 6 “deseos” se fundieron con mis ilusiones, para siempre. Gracias a Dios, en este modo si me ha ayudado.

Abro los ojos, me arden, de nuevo estoy llorando, la luz del techo se proyecta sobre mi cara y me molesta. Cojo la copa y me bebo un buen trago que quema mi garganta. Hasta la mitad. El Whisky es demasiado fuerte pero lo único que quiero es emborracharme y no pensar.
El calmante empieza a surtir efecto combinado con las sales. Tengo sueño, demasiado sueño, pero no puedo dormir, no me fío, no se que puede ocurrir cuando no miro y el aún no ha llegado.

De repente oigo el coche, ha venido antes de lo previsto, para el motor, me paralizo, ruido de llaves, la puerta se abre, me pongo de pie de un brinco y el parte del agua se sale de la bañera. Todo el suelo se moja con el agua y el jabón que escurre por los laterales de la bañera y la alfombrilla se empapa.
Dios, tengo que secarlo, tengo que secarme, tengo que limpiar mi cara de maquillaje, tengo que esconder la copa, tengo que lavar el vaso, esta subiendo, oigo sus pasos....
Salgo de la ducha, piso la alfombrilla, estoy a punto de caerme, cojo la toalla envuelvo mi cuerpo secándome rápidamente, sigo oyendo los pasos, cada vez más cerca, la puerta del baño está entreabierta, le veo entrar en la habitación, totalmente oscura, su silueta se dibuja por la luz de la escalera, me llama por mi nombre, pero no contesto, tengo la toalla enrollada en el cuerpo, el suelo esta empapado de agua, la alfombrilla también....... Estoy paralizada, no puedo ni moverme...... continúa llamándome.

Ya esta en la habitación, y se dirige al baño, se que me va a matar, esta vez va a hacerlo, esta todo el baño empapado, la copa, los tranquilizantes en la cama, se me habían olvidado, los ha visto, seguro.

Sigue hacia el baño, y ahora le veo, frente a mi en la puerta, tan grande cómo siempre, pero ahora tiene el aspecto de un gigante que se desdibuja con el vapor.
Mis piernas están temblando, una rodilla choca contra la otra, la toalla me cubre hasta las rodillas y el se percata de mi pánico, tiene la caja de tranquilizantes en la mano y me mira fijamente.

Ha estado bebiendo, lo se, lo adivino con tan solo mirarle. Le veo observar cada recodo del cuarto de baño, los cristales empañados, los azulejos rezumando vapor, la bañera abarrotada de agua con jabón, los estantes mojados por la condensación, y el agua debajo de mis pies, la alfombrilla empapada.......

Me mira a los ojos, parece taladrarme. Me dice “esto qué es?”, enseñándome los tranquilizantes. Le digo que es algo para la jaqueca, que tenía un fuerte dolor de cabeza y decidí tomar uno.
Sigue mirándome y me tira la caja a la cara, me dice de nuevo “eso qué es!” señalando la copa. No se que decir, porque es evidente que estaba bebiendo.
“Nada”, le digo. “Me he puesto una copa para relajarme”. Se ríe porque no se ha creído nada. “No vuelvas a beber de mis botellas” me dice, se va a ir, pero me mira los pies, intento tapar el agua con la toalla que me cubre, pero es imposible, el lo ha visto, se dirige a mi y me empuja para verlo mejor, me quedo sentada en el poyete de la bañera, aterrorizada, se sorprende del charco y me abofetea.
Su mano es enorme, me hace un profundo corte en la cara con su anillo y empiezo a sangrar, me insulta y me dice que he ensuciado el suelo y que ahora iba a limpiarlo todo, toda la casa, que no iba a quedar nada de agua ni de jabón y que esa era la última vez que iba a darme un baño en toda mi vida.

Creí que iba a marcharse, que iba a salir, que todo iba a quedar como estaba, que iba a curar de nuevo mi cara, que iba a luchar, de nuevo, porque ese corte pasara desapercibido, que iba a volver a maquillarme........ OH, no el maquillaje..........

Se miró la mano manchada levemente por mi sangre....... y por mi carmín............ Su mirada era taladradora, si hubiera sido fuego, me hubiera quemado entera..... Sentí que un escalofrío cruzaba mi cuerpo desde el comienzo de la espalda hasta el último pelo de mi cabeza......mi corazón palpitaba tan fuerte que hubiera dicho que iba a salírseme por la boca.

Levantó su mano con tanta ira, que sin pensármelo dos veces cogí las tijeras grandes, aquellas que el había olvidado en el neceser del cuarto de baño......... Me di toda la prisa que pude, tiré la lima, la piedra pómez, pero las tijeras penetraron en su estómago hasta el mango........
Su mano ni me rozó, tan solo hizo aire contra mi cara, me agarró del pelo y me tiró de el hasta que en su caída hacia el suelo lo soltó..... Limpié la sangre que manaba de mi rostro y que me producía un quemazón terrible.
Allí estaba yo sentada en la bañera con el cuerpo de mi marido tendido en el suelo, empapando el suelo con su propia sangre mezclándose con el agua vertida de la bañera y el jabón. Macabro cóctel.

Me sorprendí a mi misma sonriendo y pensando en que cara pondría si viera el suelo de aquella forma, esa forma que odiaba sobremanera, la suciedad.......
No se movió, estaba totalmente muerto, nunca volvería a hacerme daño, su mano no volvería a posarse sobre mi para golpearme, sus palabras no volverían a herirme, el desorden no volvería a ser un problema jamás,..... Pero empecé a llorar de repente, por todo lo bueno que compartimos, sus besos, sus abrazos, sus rosas amarillas...porque esos recuerdos buenos no los he podido olvidar y son los que me han hecho seguir viviendo a su lado a pesar de todo. Ahora me doy cuenta de que le amaba y mi vida ya no tiene ningún sentido sin el.
Tiré al suelo la toalla que me cubría y me metí de nuevo en la bañera, cerré los ojos, y dejé que el agua cubriera mis sueños.... para siempre.

4 dic 2011

LEXATIN

No podía definir el estado en el que me encontraba cuando el dijo que siempre le hacía sentirse mal, que siempre le disgustaba con mi comportamiento y que siempre acababa recordando únicamente lo malo al final del día.

Hubo algo dentro de mí que se rompió de repente, como si millones de cristales rotos se deslizasen a través de mi tubo digestivo para acuchillar mi estómago del mismo modo que ocurriría en una película gore. Nunca me había sentido así de mal. Permanecí con la boca abierta durante un largo rato mientras el hablaba sin parar por el auricular del teléfono, contándome todo aquello que ni en millones de años hubiera podido imaginar. Siempre había deseado lo mejor para el, y procuraba su bienestar..... y fíjate, para nada. Deseaba colgar el teléfono con todas mis fuerzas, pero gracias a Dios no lo hice y terminé estoicamente de escuchar. Solo pronuncié un “hasta luego” antes de colgar y ponerme a llorar. Unas lágrimas gordas y ardientes, dieron paso a ojos hinchados, agua fría, y una pastilla de Lexatín, que hizo el milagro de calmarme y ver las cosas de otro modo.

Aquel día terminó mejor de lo que empezó. Era de esos días en los que la depresión iba llamándome por mi nombre, con una voz metálica y a la vez dulce como el algodón de azúcar desde no se que lugar de mi casa, y al final conseguí darle esquinazo. Odio el azúcar.

Mis pastillas de Lexatín son como los polvos mágicos que utilizan las hadas, son como estrellas que surgen de la varita de un mago concediendo miles de deseos, y que ralentizan mis sentidos haciendo que escuche la voz del mismísimo Dios tranquilizándome y susurrándome bonitas palabras al oído, diciéndome que todo está bien, y lo que no lo está puede arreglarse.

Eso hizo que el día fuese diferente al que en un principio iba a ser.

Y me pregunto yo: ¿No podría tranquilizarme yo misma, sin tener que utilizar este sistema? Porque digo yo, luego estoy como gilipollas durante todo el santo día, y vale para un rato, pero no todo el tiempo, que luego cojo el coche y parece que va sobre raíles. Cualquier día tengo un “piñazo” y va a ser Dios quien me reciba, y no para susurrarme bellas palabras precisamente, si no con un tirón de orejas o un cachete de esos que dan los padres cuando te has portado mal y te dejan todos los dedos marcados en la cara, o en otro caso –casi peor-, la policía haciéndome un test de esos que te quitan hasta los puntos de la operación de apendicitis del mes pasado. Vamos, que con solo mirarme a los ojos ni test ni leches. A la cárcel.

No, que me da miedo, pero mi Lexatín, guardadito con el resto de medicinas, cerca de los algodones, las tiritas y las pastillas de mi alergia. Son como una puerta secreta dentro del armario que me conduce a un mundo de relax absoluto durante unas 8 horitas o más. ¿Qué haría yo sin ellas? Pues caer en manos de esa depresión que anda acechándome por las esquinas y que esta deseando hincarme el diente y llenarme de pegajoso algodón de azúcar. Chapapote rosa.

Y, ¿ por que estoy así?. Bueno tengo problemas como todos tenemos supongo, solo que yo soy muy frágil. Es como poner una tonelada de ladrillos encima de la baca de un Seat 600.

Si, tengo problemas de todo tipo, podría tener un desplegable igual que el de los tarjeteros, que cuando los abres caen al menos un metro hacia el suelo, lleno de tarjetas de todo tipo y que al final solo utilizamos
las de carburante, esas que siempre pasamos sin darnos cuenta tras repostar, mecánicamente, y que para obtener un mísero bolígrafo con el logotipo de la gasolinera necesitamos 300.000 puntos. Bueno, pues como ese tarjetero es mi lista de problemas: mi vida privada, mi vida con los amigos, mi no empleo, la cárcel particular que es mi cuerpo y mi mente, los recuerdos del pasado que atormentan en “surtidas” ocasiones mi cerebro, dejándose deslizar por sus recovecos tal y como utilizan los niños los tubos de Aquopólis. Se divierten, estoy segura, haciéndome nuevamente llorar, y entonces surge ese muro que los para, ese muro que intenta defenderme de ellos, y que lo aplico a todas las cosas. A todos esos fantasmas negros que surgen de todas partes. A demasiadas cosas. Surge a veces sin
que malos pensamientos ronden mi cerebro. Surge siempre, y ya no puedo detenerlo. Me protege y a la vez me hace ser mucho más insegura y frágil. Más cobarde cada vez.

Mírame, tengo pinta de echar a correr, de esconder mi cabeza como un avestruz ante un peligro inminente. Soy tan tonta y pasmada que hasta Clark Kent en Superman es un superdotado a mi lado. Clark Kent, no Superman naturalmente, que ya sabemos que es bastante superdotado.

Siento miedo de tener miedo, de la soledad y de la muerte. Me espanta que mis seres queridos puedan desaparecer. Me siento como un jarrón de cristal lleno de flores al borde de un precipicio.

Me aterra la vida, y para el día a día necesito un flotador que me haga sentirme bien aunque esté rodeada de tiburones. No me doy cuenta que mi flotador está lleno de aire y que solo esto me sujeta. Aire.

La vida de hoy en día es peligrosa, soez y triste. Me abruma la salida del sol porque me anuncia un nuevo día lleno de peligros.

Recuerdo que hace tiempo era optimista, ahora me he convertido en una optimista con mala experiencia, o sea, una pesimista a palo seco.

Intento buscar las cosas buenas en la gente que me rodea, intento yo misma ser buena, pero me es imposible, quizá sea recíproco y yo fomente el malestar de la gente y no me de cuenta. Soy arisca y los demás también lo son conmigo. Me pongo a la defensiva, y soy de las que pienso que todo el mundo es idiota hasta que se demuestra lo contrario. Conmigo hacen lo mismo.

Me cuesta terriblemente enfadarme, pero cuando lo hago, no puedo parar. No puedo hacerlo. Soy como Hulk pintada de verde. Mi ira es terrible. La apaciguo siempre que puedo pero a veces soy como un volcán anunciando la inminente erupción.

Dios, que puedo hacer si mi Lexatín apacigua el volcán como quien pisa la colilla de un cigarro.....

¿Que puedo hacer para continuar viviendo?

Acudir al psicólogo, ya, es fácil decirlo, pero es muy complicado contar toda mi vida a un señor de pelo blanco, con las gafas caídas y que me otea desde su sofá desgastado..

Sales vacía completamente y con otro problema más añadido: ¿No conoceré este señor y le he contado todos mis problemas con pelos y señales? El caso es que me sonaba su cara...... ¿No me lo encontraré cualquier día de cañas, y se me quedará mirando? Pensando... la loca esa.

No vuelvo más.

De modo que nuevamente me encuentro sola con mis problemas y mi cajita de Lexatín que siempre me llenará de buenos momentos, tranquilos y sosegados...... no hace preguntas y no tiene gafas.

UN VIAJE A NINGUNA PARTE

No quiero escribir. Es más, no me apetece escribir nada.

No existe nada que me impulse a hacerlo, salvo la hoja en blanco que me mira a través de la pantalla del ordenador como implorándome unos párrafos, unas frases, algo que la pueda hacer tener vida. Algo que incluso la haga cambiar ese aspecto mortecino, blanco, brillante, que tiene, con su boca enfadada, mirando hacia abajo igual que la de un muñeco de ventrílocuo.

Siempre me han dado miedo esos muñecos, con grandes ojos de color azul llenos de enormes pest
añas pintadas, fijos en nada e intentando asemejar diversión, con ese color de piel marrón brillante y esa boca de madera, partida verticalmente que solo dice palabras que no son suyas.

No, no hay nada que surja en mi cerebro como para po
der complacerla. No tengo la mente tan sosegada y libre, para que mis dedos se deslicen rápidamente sobre el teclado y que pueda hacer bailar a esta hoja en blanco. No. Mis pensamientos son negros, agitados y peligrosos, tanto, que hasta a mí mismo me asusta poder plasmarlos en una hoja que, piadosa, deja que la viole con mis punzantes palabras.

Siento como palpita mi corazón, como intentando salir a través de mis costillas.

No, no puedo. Mis dedos están inertes y no consigo hacer que la musa venga a visitarme. La desprecié hace tiempo, y mi mente tiene peligrosos recovecos. ¿Para qué quieren que escriba? Quizá alguien les ha dicho que antes lo hacía...... ¿Para tenerme entretenido? ¿Qué esperan de mí?

No consigo concentrarme con esta maraña de pegajoso chapapote que son mis ideas, ni dejar un resquicio de luz, como la que las almas ven y les impulsa a seguir a través del túnel en un último viaje. Es prácticamente imposible. No, no debo dejar que surjan, es más, no debo dejarme convencer por esta hoja en blanco, que me susurra versos y frases para darle un significado a su corta existencia con una voz tenue y casi imperceptible. No sabe lo que hace.

Sé que siempre estará ahí, para mí, para todos, cuando yo quiera, pero no debo aprovecharme, aunque siempre surgirán una tras otra; iguales y a la vez tan diferentes. Me siento importante. Me dejan escribir. Hubo un tiempo en que podía escribir.


Hoy ha llovido. Sé que esto me trae recuerdos de viajes lejanos que no consigo recordar del todo, pero el olor a lluvia me acerca esos pensamientos que rozan mis sienes como leves alas de mariposa.

Hace mucho tiempo que he dejado sucumbir mis ideas al devenir de los tiempos, al día a día que hace que como un chorro de agua sin control pierda un poco más mi consciencia y vuelva al mundo de los locos como en un profundo sopor. Derrotado.
Viajes lejanos, paisajes bellos, personas encantadoras y a la vez falsas, odiosas y absurdas como una marioneta sin hilos.

Ayer cantó un pájaro muy cerca de mi cama. Era un jilguero.

A través de los barrotes veo los árboles moviéndose con la brisa del viento. Ondeando. Creo que son cipreses. Puedo estar horas contemplándolos. Parece que susurran cotilleos de la gente de diversos lugares, y que con el aire se propagan por boca de los árboles. Casi llego a entenderlos y me sonrío con tonterías que se cuentan de personas que ni siquiera conozco, dejando caer de vez en cuando alguna de sus hojas, solo para d
istraerme.

Hace tanto frío aquí que me castañetean los dientes. Creo que me van a oír y no les va a gustar nada de nada. El castañeteo de mis dientes me da dolor de cabeza.

Odio las pastillas que me transportan a lugares indefinidos. Lugares llenos de hierba sin cortar y olor a caramelo. Lugares donde se oyen ruidos de violines y rosas cortadas. No hay nubes, ni sol, ni luna, ni estrellas. No sé que color tiene el cielo, y tampoco hay gente. Todo está vacío, me miro los pies, las piernas, las manos, y compruebo que si hay alguien allí. Yo mismo. Nadie me mira, y eso me gusta. Puedo correr, saltar, bailar –me da vergüenza-, gritar, dar volteretas como cuando era pequeño y giraba encima de mi cama antes de irme a dormir. Puedo hacer cantidad de cosas que ahora no me atrevo ni a imaginar.

Odio ese lugar que me devuelve de un manotazo a la realidad. Cruda. Cruda realidad de mí mismo.

A veces me veo como una habitación con vistas al mar. Solo soy eso. Una habitación con vistas al mar. No se valora la habitación, solo la vista.

Tengo algunas frases buenas que a la gente le gusta oír, pero no las recuerdo.

Hoy he estado llorando. Algunos días tengo algo de lucidez y recuerdo mi vida pasada. No sé por que lo hago, porque siempre acabo con los ojos rojos e hinchados. Necesito agua fría y ando escondiéndome.

Lloro porque recuerdo un poco mi vida pasada. Aquello que viví años atrás. No recuerdo el tiempo ni el lugar. Esto me evade por unos instantes de mi realidad actual y es como si me fuese de viaje durante un largo rato, sin equipaje, sin dinero, sin coche, sin preocupaciones. Lejos de este horrible lugar.


Duele, pero me reconforta saber que no siempre he sido así.

Mi vida........ si, la recuerdo como pinceladas sueltas..... en una hermosa familia. Me querían. Había besos, regalos, amor, unidad, y sobre todo tranquilidad. Una paz inmensa y sin ningún problema. Ahora estoy tremendamente preocupado y ansioso. Siempre, un día detrás de otro, uno tras otro, y más allá. Año tras año...... no hay fin, ni luz al final del túnel. No para mí. Tengo el corazón en un puño, por nada y por casi todo. Me tiemblan las manos.

Los demás sienten y piensan a veces, yo siento y pienso siempre.

Ahora pertenezco a un mundo sin sentido, a un mundo que no existe, al mundo de los locos, y quizá sea mejor así. Miro sin ver y hablo sin decir. Solo escribo cosas, que ni tú mismo entiendes, y además, no recuerdo haberlo hecho. No se como he llegado aquí, a este lugar de batas blancas, pero mi mente hizo un viaje una vez, sin retorno, y este es el final de trayecto. Nunca sabré dónde se dirigía, y los escasos recuerdos del pasado se distorsionan como la propia imagen en el espejo del agua.

Mirar atrás me asusta y mirar hacia delante me espanta. No tengo futuro y ahora que mi memoria se va perdiendo, en breve no tendré pasado.

Solo me quedan los árboles, y ellos contarán uno tras otro, hasta lugares lejanos, todo lo que está en mi mente cuando yo ya no esté, y si alguien los escucha, lo tomarán por loco.