En mitad de la noche desperté sobresaltada levantando mi cuerpo de la cama como si tuviera un resorte en la espalda y abriendo tremendamente los ojos. No recordaba que había soñado, y tan solo el sudor que se alojaba entre mis senos me traía a la mente pinceladas de recuerdos sobre dicho sueño, y me hacía presentir una noche no muy confortable ni reparadora, ya que más que un sueño era una pesadilla que no lograba recordar. Una pesadilla terrible, un deseo de desaparecer……
El reloj digital de mi mesilla me revelaba con sus grandes números amarillos y penetrantes en la oscuridad, una cercana madrugada en vela. Tan solo eran las dos de la madrugada y estaba tan despierta que mis ojos parecían los de un búho en plena cacería nocturna, solo que llenos de coloradas venas fruto del maltrecho descanso.
Me recosté, -intentando serenarme-, sobre mi almohada que estaba recalentada por el vapor de mi propio cuerpo, nada confortable he de decir, a diferencia de las primeras horas de la noche, en la que una cama limpia y más o menos fresca me recibía.
Las sábanas se adherían a mis piernas desnudas como los tentáculos de un pulpo que quisiera arrastrarme al fondo del océano, y el calor veraniego empezaba a hacerse patente en mi cuerpo con grandes gotas de sudor naciendo en mis sienes.
Eché las sábanas hacia atrás porque tan solo el roce sobre mi piel, me recordaba a una pesada losa.
Miré al techo, oscuro, alto, perdido en la lejanía y me percate de que la absoluta oscuridad anegaba la habitación tan solo rota por la luz de mi despertador que proyectaba estáticas luces anaranjadas sobre las paredes.
Me recogí el pelo sobre la nuca y lo até con un coletero a modo de moño, para dejar de sentir ese calor pegajoso en la medida de lo posible, y me recosté nuevamente sobre la almohada, a la que previamente había golpeado y dado la vuelta para que recuperara su forma primitiva y desalojara el calor antes de acostarme.
Me quede tendida en la cama, con las sábanas por las rodillas, los brazos abiertos en cruz y la mirada perdida en el techo negro.
Empezaba a quedarme traspuesta nuevamente cuando una música leve y lejana me despertó.
Para mi sorpresa era música dulce y suave de violines, pero no de uno solo, sino de cientos de ellos. Como si multitud de ángeles celestiales acunaran mi sueño. Parecía que estaban bajo mi cama, dentro del armario quizás, entre las sábanas o dentro del colchón e incluso en el dormitorio del vecino.... El insomnio empezaba a hacer estragos en mi subconsciente.
Con la somnolencia que tenía no reparé que era algo asombroso, y cuando lo hice, pensé en levanté rápidamente para pegar el oído en la pared y descubrir de qué lugar provenía dicha melodía que interrumpía mi nuevo sueño, pero en cuanto me incorporé y los dedos mi pié tocaron el suelo, la melodía cesó instantáneamente y el silencio en estado puro regresó a mi cuarto.
Lentamente me acerqué a mi cama y toqué mi almohada, la mesilla, el despertador…., intentando adivinar de donde podía proceder la música, pero el tiempo transcurría sin que nada aconteciera, me metí en la cama y el sueño me venció nuevamente. Pronto olvidé el hecho extraño ocurrido. Mis párpados pesados como grandes piedras se cerraron comenzaba a soñar con cosas del día pasado…... pesadilla…..
Al poco rato un olor fortísimo a flores me despertó.
Olía a floristería en el Día de la Madre o el de Los Difuntos, ese día en el que los floristas venden más que en todo el año junto.
Era un olor a humedad y a dulce, como un montón de gominolas anegando un pozo lleno de moho.
Me dio asma y tos. Se me saltaron las lágrimas y tuve que incorporarme a beber agua. Siempre dejo un vaso lleno por si tengo sed, pero no por un golpe de asma nocturno, aunque he de decir que soy asmática.
Mis ojos volvieron a abrirse por tercera vez en la noche. Estaban resecos, colorados y hartos de tan poco descanso. Lo primero que vieron fue la hora del despertador. Las dos de la madrugada, nuevamente...... nuevamente....... ¡era imposible que fuesen las dos de la madrugada!, ¡yo había visto esa hora hacía por lo menos veinte minutos!, no podía haberse parado el tiempo y tampoco haberse parado el reloj. Eran las 2:00 en enormes números naranjas y el contador de segundos seguía haciendo su trabajo…. Que raro…
Cogí el despertador y lo zarandeé entre mis manos, lo acerqué al oído, comprobé la conexión a la luz, y todo era perfecto. Era perfecto.
Pero mi pensamiento cesó ante el hedor a flores podridas que había en la habitación.
Era espantoso, casi me daban ganas de vomitar el agua que me había bebido. Me senté en la cama, intentando alcanzar el interruptor de la lámpara de la mesilla y encender la luz, pero no podía, mi mano abierta recorría todas las cosas que antes de acostarme había colocado en la mesilla: el reloj, las sortijas,... un pequeño retrato de mi novio, las gafas de sol, y como no, el vaso de agua, pero la lámpara era como si hubiera desaparecido y la única luz permitida fuese la tenue luz del despertador.
Tenía tanto sueño y mareo que tan solo el pensar en lo que el día próximo me depararía en la oficina, me hacía desvelar por completo, así que preferí que el sueño me venciera nuevamente. Debía recuperar fuerzas para mañana.
Olvidé la búsqueda y me tendí en la cama de nuevo y el olor fue cediendo poco a poco, intenté no hacerlo caso, ...... y nuevamente me dormí.
El asma desapareció como por arte de magia, por fin el aire entraba a raudales en mis pulmones. Creo que tenía algo de frío. El sudor que ocupaba por completo mi cuerpo se había vuelto helador y las sábanas que antes eran una losa parecían plumas de ganso esparcidas por todas partes…..
La falta de ruidos de la habitación se había vuelto algo muy extraño. Había tanto silencio que provocaba malestar, tanto que de nuevo me desvelé de tanto analizar la situación, pero esta vez no abrí los ojos, estaba despierta, pero con los ojos cerrados, recorriendo palmo a palmo mis pensamientos.
El sudor frío empezó a recorrer mi cuerpo como el filo de un cuchillo. Mi espalda quedó tan recta como si estuviese acostada en la cama de un faquir.
Mi pelo estaba totalmente suelto y caía sobre mi cara pegándose a ella. Estaba completamente mojado y la almohada empapada.
Saqué mi mano de debajo de la sábana y la acerqué a mi cara para retirarme el pelo, noté que no tenía el coletero, así que lo busqué a tientas sobre la almohada, pero no lo encontraba, estaba aterrada porque no entendía por qué mi pelo estaba mojado si antes estaba seco. Era como si acabara de salir de la ducha y no me hubiera secado.
Como no encontraba el coletero me incorporé de nuevo para encender la luz, buscando a tientas el interruptor y de nuevo no lo encontré. En el recorrido de mi mano choqué con el coletero, situado al lado justo del despertador y algo me paralizó, eran las dos de la madrugada.
Estaba asustada así que de un brinco salté de la cama. No me importaba no dormir e ir a trabajar con grandes ojeras y molestias oculares, me daba igual. Había algo que estaba ocurriendo en mi cuarto y no sabía que era. Algo estaba MAL.
La oscuridad era patente, no distinguía los muebles del cuarto, nada. Sabía que estaban allí pero no podía verlos. Había llegado a la conclusión que la lámpara de la mesilla había desaparecido, pero si así era quizá también los muebles, y solo existiera mi cama y yo. Lo que no quería ni pensar era que no estaba en mi habitación, pero no podía ser cierto, me había ido a dormir sobre las 23 horas, y el sueño se había interrumpido en varias ocasiones a las 2 de la mañana…. ¿Pero como podía ser si había conseguido dormir en esos intervalos, y el segundero seguía funcionando?…. No entendía nada, pero lo que tenía que hacer era encontrar el interruptor de la luz de la pared. Ese si tenía que estar. Me acerqué con los brazos estirados y deslizando despacito los pies en el suelo como si fuera Frankenstein, llevaba los ojos tan abiertos que me hacían daño, la oscuridad era tan absoluta que no veía ni mis manos delante de mi… me acerqué a lo que era la puerta de mi cuarto y toqué a tientas el dintel… ahí estaba, al fin me orientaba un poco…. Continué por la pared de papel pegado, pero en lugar del tacto del papel seguía tocando madera… era raro, pero continué con el propósito de encontrar el interruptor…. Nada, ahí no había nada. Estiraba mi cuerpo y bajaba por la pared hasta que mis manos planas tocaban toda la superficie como un poli cacheando a un caco… necesitaba luz por Dios…..
Paso el tiempo y al final cansada me senté en el suelo. Debí dormirme apoyada en la pared y cuando abrí los ojos me sentí mareada, había luz al fin, filtrándose por las ventanas… pero no estaba en mi habitación, mis ojos se adaptaron a duras penas a la claridad y la imagen que vi me espantó.
Desde el suelo observé la estancia… me dolía el cuello, las rodillas, la espalda… todo…..
Ese no era mi cuarto…. Las paredes eran laminadas en madera, como las habitaciones de los hoteles de alta montaña…. No había interruptor alguno en la pared, solo un flexo largo en la parte superior de la estancia, apagado…., una cama en medio de la misma, elevada, blanca, un par de sillas repartidas de mala manera… incómodas….. y al lado un hombre sentado en un sillón negro, recostado sobre la cama, su cabeza pegada a las sábanas… un libro abierto en el suelo, a sus pies…..
Me levanté con dolores de articulaciones, poco a poco iba viendo todo desde otra perspectiva, empecé a recordar una vez me acercaba a la cama…. Me miré la ropa, era blanca, fina, leve como un ala de mariposa, mis pies descalzos pisaban el suelo de madera lentamente… me acerqué a la cama y me vi a mi misma…. Blanca como las sábanas, dormida quizá, ojeras….. el pelo levemente pegado a mi cara, mojado, recogido, llena de tubos y gomas saliendo de mis brazos, mi naríz…., botellas de múltiples líquidos anexadas a mí de alguna manera, ruidos de respirador artificial…… pero ¿que ha pasado? ¿dónde estoy? El pánico llegaba a mi en oleadas, como perdida en medio del mar de Tarifa golpeada por las olas una y otra vez. Aplastada por las rocas…. En la confusión y ansiedad del momento recogí el parte médico que pendía de los pies de la cama, controlando mi temblor de manos y me quedé helada:
Hora y día del suceso: martes, 15 de enero de 1998
Causa: SOBREDOSIS DE VARIAS SUSTANCIAS
Estado: COMA PROFUNDO
Resolución: SUICIDIO (Ninguna posibilidad de recuperación)
HORA DEL HALLAZGO: 2:00 DE LA MADRUGADA

Mis pastillas de Lexatín son como los polvos mágicos que utilizan las hadas, son como estrellas que surgen de la varita de un mago concediendo miles de deseos, y que ralentizan mis sentidos haciendo que escuche la voz del mismísimo Dios tranquilizándome y susurrándome bonitas palabras al oído, diciéndome que todo está bien, y lo que no lo está puede arreglarse.
Si, tengo problemas de todo tipo, podría tener un desplegable igual que el de los tarjeteros, que cuando los abres caen al menos un metro hacia el suelo, lleno de tarjetas de todo tipo y que al final solo utilizamos
Siento miedo de tener miedo, de la soledad y de la muerte. Me espanta que mis seres queridos puedan desaparecer. Me siento como un jarrón de cristal lleno de flores al borde de un precipicio.
Acudir al psicólogo, ya, es fácil decirlo, pero es muy complicado contar toda mi vida a un señor de pelo blanco, con las gafas caídas y que me otea desde su sofá desgastado..
Siempre me han dado miedo esos muñecos, con grandes ojos de color azul llenos de enormes pest