No encontraba las llaves, así que metí la mano hasta el fondo del bolso, pero no estaban. El tabaco, las gafas, la agenda, el carmín, el maquillaje, los cleenex, el mechero....., nada, las llaves no aparecían ni vivas ni muertas, lo cierto es que tampoco sabía si quería encontrarlas o no, si quería abrir aquella puerta que estaba frente a mi o permanecer fuera para siempre y no volver jamás a entrar; para ver aquellas habitaciones tan bien ordenadas, como si fuese una casa de exposición. La colcha sin ningún pliegue de más ni de menos, las lamparitas de las mesillas perfectamente colocadas, hasta sus cables de luz, el cuarto de baño adornado tal y como el quiere, color de toallas, armaritos, alfombra de ducha, hasta el rollo de papel higiénico tiene que ser de un color y textura determinados. Es muy maniático.
No sabía realmente que quería hacer, pero continuaba husmeando a tientas dentro de mi bolso, palpando, como si una vocecita interior me dijera... “donde vas a ir...?“ “quien va a querer estar contigo....?”. Al final encontré un pequeño metal dentado agrupado con otros tantos, y tiré de el hacia fuera, salieron!, menos mal, la llave de casa....de casa....de mi casa, desde cuándo era mi casa o mi hogar...... Podía llamarlo hogar? Alguna vez fue mi hogar.....? O solo lo fue en mis sueños?
Recuerdo ahora con los ojos cerrados la primera vez que entré y usé esa misma llave. Mi marido estaba conmigo, fue el día de nuestra boda, un precioso día soleado de otoño, cuando los árboles se visten de los mas variados colores y el aire huele a limpio y un poco a lluvia, y la brisa que sopla hace caer las hojas de los árboles formando un pequeño manto anaranjado sobre el suelo.
Aquel día hacía sol y empezaba a calentar la piel levemente, como el vaho....entonces, me cogió en brazos, y me metió en casa. Una vez estuvimos dentro me besó y me regaló un gran ramo de rosas amarillas, como a mi me han gustado siempre, dos docenas de preciosas rosas amarillas nos dieron la bienvenida al hogar que habíamos formado para nuestra vida en común y para nuestros hijos..... quería tener por lo menos séis!.
Vaya, una lágrima resbala por mi mejilla, uf! escuece......
Voy a entrar, el estará a punto de volver y no quiere verme fuera de casa a determinadas horas. Por el que dirán dice. Y lleva razón, que hace una mujer fuera de casa a las 21 horas sin su marido? Nada bueno..... Y me lo tendré merecido.
Ahora recuerdo mi primera noche de bodas, ja ja ja ja, no se que hago aquí en medio del porche de casa pensando en mi primera noche de bodas, bueno por lo menos me trae un buen recuerdo......
Éramos muy tímidos y el no se atrevía a salir del baño por pudor, creo que estuvo allí media hora!, tampoco me atrevía yo a moverme en la cama, estaba tapada hasta los ojos y no hacia más que temblar de miedo, pero el fue muy cuidadoso y complaciente, cuando se decidió a salir, claro, y fue genial, nunca lo olvidaré, me dijo “te quiero” tantas veces que, supongo valdrían por todos los años que no volvería a pronunciar esas palabras, nunca más......., no, no quiero volver a llorar, la cara me arde y no puedo permitirme derramar más lágrimas.
Cierro la puerta de un portazo, y parece que toda la casa se vaya a desmoronar, si, lo estoy, estoy enfadada, pero no puedo hacer nada, nada en absoluto, nada porque podría enfadarle aún mas, y ya no solo iba a escocerme la cara........
Voy a darme una ducha, no... mejor voy a tomar una copa y a darme un relajante baño de espuma antes de que el llegue y diga que huelo mal, que soy asquerosa, que no se ni como puedo ser mujer, con lo delicada, limpia y pulcra que se supone que son las mujeres.
Según entro, veo la mesa de entrada, es de pino maciza y redonda. Allí, encima de ésta, hay un florero con flores secas de varias clases, rosas, claveles, margaritas... un pequeño bouquet muerto. Hace años me hubieran recibido las preciosas rosas amarillas completamente abiertas y con algunos pétalos caídos ya sobre la mesa, pero a el no le gustan.... dice que no quiere compartir su casa con nada vivo, y conmigo porque no tiene más remedio. Su casa........... su hogar? No es mi casa. No es mi hogar. Ya no es nada.
Ahora me entran ganas de salir corriendo (huyendo) a la calle, quizá con suerte me pille un coche y desaparezca debajo de sus ruedas, pero tendré tan mala suerte que quedaré mal parada, peor aún de lo que estoy ahora...... un desastre, no tengo suerte ni siquiera para morir.
Me decido y voy a mi habitación a desvestirme subo las escaleras que separan el hall de entrada y el comedor de la planta baja, de las habitaciones y el baño de la planta superior. Mientras voy subiendo esas escaleras me vuelve a la memoria la primera vez que el me subió en brazos, a nuestro cuarto, donde nos moríamos de vergüenza..... Igual que me subió en brazos recuerdo otras tantas veces que me hizo bajar rodando.....
Recuerdo cuando terminé en el hospital con tres costillas, una pierna y la clavícula rotas, y tuve que decir a mi familia que tropecé, Dios, cuanta falsedad, y cuanta mentira.
Mi vida es una pura mentira.
Cuando empiezo a desnudarme para ese baño relajante, el espejo del armario me devuelve una imagen de mi misma patética.
Tengo el cuerpo totalmente amoratado, a la altura de las costillas izquierdas tengo un moratón de color morado y amarillo de unas dimensiones como una pelota de tenis, en ambos brazos tengo varios moratones, de distintos tamaños totalmente negros. En la pierna derecha tengo un corte, podría pasar como “Miss Porquería”, “Miss Manchas”, “Miss Moratones” o qué se yo........ Y además estoy dejándome crecer más el pelo para ocultar mi cara, o mejor dicho, mis magulladuras.
Recuerdo cuando éramos novios, la cantidad de veces que me decía lo blanca que era mi piel, “como la luz de la luna” mencionaba susurrando a mi oído, me encantaba escucharle, decía que mi pelo era tan oscuro como la noche y que mi piel era la piel de la luna llena un día de verano y que olía como la primavera en pleno mes de Mayo....... Y yo besaba sus labios cada vez que repetía frases como esa, era muy romántico, ahora mi piel ya no es blanca...
No, no y no! he dicho que no puedo llorar, no puedo llorar, no puedo permitirme el lujo de llorar, si vuelve y ve que he llorado, me hará llorar por una causa justificada, y no quiero! No quiero gritar! No quiero que me tape la boca, no puedo respirar, no me deja respirar.
Vamos! Vamos! Voy a darme ese baño, necesito relajarme, pero primero tomaré un calmante con esa copa que me había prometido. O quizá dos.
En la habitación tenemos un mini bar, si, como en los hoteles, una mini nevera con varias botellas de Whisky, Bourbon, Vodka, Ginebra y hasta cerveza, sin nada de refrescos, mi marido trabaja en una empresa relacionada con bebidas alcohólicas y puede abastecer el mini bar sin ningún problema cada semana o incluso cada día.
Le gusta beber en la cama, cuando se despierta. Dice que no hay como un buen Whisky, dice que hace que las neuronas bailen Rock & Roll dentro del cerebro.....
No se, creo que ya no tiene neuronas, ahora le da igual cualquier bebida, con tal de que tenga alcohol, y si es posible, un elevado grado de alcohol, supongo que ya nada puede despertar a sus neuronas. Nada puede despertarle a el.
Una vez rompió una de esas botellas sobre mi cabeza, pobre! Se asustó tanto, creyó que me había matado, se disculpó tantas veces en el hospital, que el médico tuvo que sacarlo a patadas. De todos modos el médico estaba un poco extrañado de la naturaleza del accidente, me dijo si quería hablar con el a solas, pero le dije que no, que no había pasado nada, que era muy torpe, y que la botella me cayó de encima de un estante......... Pero creo que ya no confía en mí, y voy a tener que dejar de ir a verle. Buscaré otro médico.
Esa vez estuve a punto de irme de este mundo, por que no fue así?
Bueno, voy al baño y abro el grifo caliente de la bañera, el agua resbala por mi mano. Que tranquilizador. Voy a darme prisa, no creo que tarde mucho más en volver.
Cojo las tijeras, la lima y la piedra pómez, tengo que asearme las uñas de las manos y los pies, tengo que estar pulcra, lo dejo todo en el lavabo para después, no se, he cogido las tijeras, pero son las grandes, las de la costura. El las habrá cambiado de sitio, bueno luego lo arreglaré, lo primero el baño.
Entro en la bañera, el agua me llega al cuello, esta templada tirando a caliente, todos mis poros se abren, ya me he tomado el calmante y la copa está encima del poyete de la bañera, al lado del champú, el gel, el jabón, y demás.
Cierro los ojos, no se si esta noche voy a poder dormir así que intento descansarlos lo más posible.
Mis brazos flotan en el agua, estoy totalmente relajada y las sales con efecto tranquilizante que he puesto en el agua empiezan a hacer efecto combinadas con el vapor.
Los moratones de los brazos y el costado se desdibujan bajo el agua por la espuma del jabón que los borra momentáneamente.
La cara sigue escociéndome, nada hace cambiar la sensación de hinchazón que tengo, ni siquiera el maquillaje que por cierto he olvidado quitarme, no puede olvidárseme o se enfadará por mancharle con el carmín.
Tengo 35 años, y 6 de casada. Mi vida es un infierno..... Podía estar penando en el purgatorio y no pasarlo peor que en estos últimos años.
No tengo ningún hijo, mis 6 “deseos” se fundieron con mis ilusiones, para siempre. Gracias a Dios, en este modo si me ha ayudado.
Abro los ojos, me arden, de nuevo estoy llorando, la luz del techo se proyecta sobre mi cara y me molesta. Cojo la copa y me bebo un buen trago que quema mi garganta. Hasta la mitad. El Whisky es demasiado fuerte pero lo único que quiero es emborracharme y no pensar.
El calmante empieza a surtir efecto combinado con las sales. Tengo sueño, demasiado sueño, pero no puedo dormir, no me fío, no se que puede ocurrir cuando no miro y el aún no ha llegado.
De repente oigo el coche, ha venido antes de lo previsto, para el motor, me paralizo, ruido de llaves, la puerta se abre, me pongo de pie de un brinco y el parte del agua se sale de la bañera. Todo el suelo se moja con el agua y el jabón que escurre por los laterales de la bañera y la alfombrilla se empapa.
Dios, tengo que secarlo, tengo que secarme, tengo que limpiar mi cara de maquillaje, tengo que esconder la copa, tengo que lavar el vaso, esta subiendo, oigo sus pasos....
Salgo de la ducha, piso la alfombrilla, estoy a punto de caerme, cojo la toalla envuelvo mi cuerpo secándome rápidamente, sigo oyendo los pasos, cada vez más cerca, la puerta del baño está entreabierta, le veo entrar en la habitación, totalmente oscura, su silueta se dibuja por la luz de la escalera, me llama por mi nombre, pero no contesto, tengo la toalla enrollada en el cuerpo, el suelo esta empapado de agua, la alfombrilla también....... Estoy paralizada, no puedo ni moverme...... continúa llamándome.
Ya esta en la habitación, y se dirige al baño, se que me va a matar, esta vez va a hacerlo, esta todo el baño empapado, la copa, los tranquilizantes en la cama, se me habían olvidado, los ha visto, seguro.
Sigue hacia el baño, y ahora le veo, frente a mi en la puerta, tan grande cómo siempre, pero ahora tiene el aspecto de un gigante que se desdibuja con el vapor.
Mis piernas están temblando, una rodilla choca contra la otra, la toalla me cubre hasta las rodillas y el se percata de mi pánico, tiene la caja de tranquilizantes en la mano y me mira fijamente.
Ha estado bebiendo, lo se, lo adivino con tan solo mirarle. Le veo observar cada recodo del cuarto de baño, los cristales empañados, los azulejos rezumando vapor, la bañera abarrotada de agua con jabón, los estantes mojados por la condensación, y el agua debajo de mis pies, la alfombrilla empapada.......
Me mira a los ojos, parece taladrarme. Me dice “esto qué es?”, enseñándome los tranquilizantes. Le digo que es algo para la jaqueca, que tenía un fuerte dolor de cabeza y decidí tomar uno.
Sigue mirándome y me tira la caja a la cara, me dice de nuevo “eso qué es!” señalando la copa. No se que decir, porque es evidente que estaba bebiendo.
“Nada”, le digo. “Me he puesto una copa para relajarme”. Se ríe porque no se ha creído nada. “No vuelvas a beber de mis botellas” me dice, se va a ir, pero me mira los pies, intento tapar el agua con la toalla que me cubre, pero es imposible, el lo ha visto, se dirige a mi y me empuja para verlo mejor, me quedo sentada en el poyete de la bañera, aterrorizada, se sorprende del charco y me abofetea.
Su mano es enorme, me hace un profundo corte en la cara con su anillo y empiezo a sangrar, me insulta y me dice que he ensuciado el suelo y que ahora iba a limpiarlo todo, toda la casa, que no iba a quedar nada de agua ni de jabón y que esa era la última vez que iba a darme un baño en toda mi vida.
Creí que iba a marcharse, que iba a salir, que todo iba a quedar como estaba, que iba a curar de nuevo mi cara, que iba a luchar, de nuevo, porque ese corte pasara desapercibido, que iba a volver a maquillarme........ OH, no el maquillaje..........
Se miró la mano manchada levemente por mi sangre....... y por mi carmín............ Su mirada era taladradora, si hubiera sido fuego, me hubiera quemado entera..... Sentí que un escalofrío cruzaba mi cuerpo desde el comienzo de la espalda hasta el último pelo de mi cabeza......mi corazón palpitaba tan fuerte que hubiera dicho que iba a salírseme por la boca.
Levantó su mano con tanta ira, que sin pensármelo dos veces cogí las tijeras grandes, aquellas que el había olvidado en el neceser del cuarto de baño......... Me di toda la prisa que pude, tiré la lima, la piedra pómez, pero las tijeras penetraron en su estómago hasta el mango........
Su mano ni me rozó, tan solo hizo aire contra mi cara, me agarró del pelo y me tiró de el hasta que en su caída hacia el suelo lo soltó..... Limpié la sangre que manaba de mi rostro y que me producía un quemazón terrible.
Allí estaba yo sentada en la bañera con el cuerpo de mi marido tendido en el suelo, empapando el suelo con su propia sangre mezclándose con el agua vertida de la bañera y el jabón. Macabro cóctel.
Me sorprendí a mi misma sonriendo y pensando en que cara pondría si viera el suelo de aquella forma, esa forma que odiaba sobremanera, la suciedad.......
No se movió, estaba totalmente muerto, nunca volvería a hacerme daño, su mano no volvería a posarse sobre mi para golpearme, sus palabras no volverían a herirme, el desorden no volvería a ser un problema jamás,..... Pero empecé a llorar de repente, por todo lo bueno que compartimos, sus besos, sus abrazos, sus rosas amarillas...porque esos recuerdos buenos no los he podido olvidar y son los que me han hecho seguir viviendo a su lado a pesar de todo. Ahora me doy cuenta de que le amaba y mi vida ya no tiene ningún sentido sin el.
Tiré al suelo la toalla que me cubría y me metí de nuevo en la bañera, cerré los ojos, y dejé que el agua cubriera mis sueños.... para siempre.
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